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El exposímetro de mano

Dominar el exposímetro (de mano o de cámara) es fundamental para realizar tomas con total garantía de éxito. Lo ideal, sobre todo en el trabajo de estudio y en localizaciones de exterior con flash, es disponer de un exposímetro de mano. Bien es cierto que teniendo los conocimientos adecuados podría bastarnos con la utilización del exposímetro de cámara; en este caso la ayuda del histograma podría llevarnos a conseguir –finalmente- la exposición adecuada. Sin embargo, lo ideal (y lo profesional) es hacer uso de un exposímetro de mano que nos permita medir luz continua y de flash, así como la luz incidente y la reflejada. Cuando trabajamos con varios cabezales de flash en estudio, si no disponemos de un exposímetro de mano, el diseño y realización del esquema de iluminación y el conseguir los intervalos pretendidos será una tarea casi imposible. La ayuda del exposímetro nos ahorrará mucho tiempo (y por tanto, dinero).

Aquí mostramos el exposímetro de mano Sekonic L-308, de operatividad muy sencilla e intuitiva.

© Sekonic

Cuando trabajemos combinando luz continua y flash, no dominar mínimamente el exposímetro hará de nuestro trabajo un calvario (o la necesidad de optar por el modo automático). En la mayoría de ocasiones, una simple medición de la luz incidente bastará para colocar en cámara la combinación adecuada (T / nºf) para la correcta exposición.

A continuación, un exposímetro con más funciones, incluida la posibilidad de medición reflejada en modo puntual, el Sekonic SE L758 CINE.

© Sekonic

La luz incidente y la luz reflejada

La luz incidente es aquella que llega a la escena (la que incide en los objetos). Las cámaras fotográficas no tienen posibilidad de medición de la luz incidente, y este es uno de los motivos fundamentales por los que a nivel profesional sea necesario tener un exposímetro de mano. La luz incidente la medimos colocando el exposímetro en la zona del sujeto y dirigiendo su célula hacia la cámara (en algunos casos hacia la fuente). La célula, cuando medimos en modo incidente, la cubrimos con la semiesfera translucida con el fin de que mida toda la iluminación que llega a la escena, independientemente de la zona de origen de la luz. Este difusor transmite el 18% de la luz que recibe (mismo porcentaje que refleja una carta de Gris Medio). El exposímetro, en las situaciones más generales, debe dirigirse hacia cámara; de esta forma estamos midiendo todas las fuentes de luz que iluminan la escena desde su parte frontal. La luz debe llegar al difusor igual que lo hace al sujeto. En situaciones particulares de una sola fuente muy lateral o contraluz, lo conveniente es medir hacia la propia fuente (en modo incidente, con difusor ante la célula).

 

También dirigimos el exposímetro hacia las fuentes cuando nos interesa comparar y averiguar el intervalo de iluminación. De esta forma comparamos directamente los valores de exposición que hay entre cada una de las fuentes de iluminación. En esta ocasión podemos hacer uso del modo de medición en EV (Valores de exposición). Cada punto representa el doble de iluminación que el anterior. Un EV16 representa el doble de iluminación que un EV15.

Si trabajamos con flash lo habitual es comparar números f (diafragmas). Por ejemplo, buscamos un f5,6 para principal y un f4 para relleno. En este caso el intervalo de iluminación es 2:1.

Cuando la luz principal está en posición de contraluz o lateral estricto (90º), lo ideal es medir hacia la fuente. De esta forma nos aseguramos una exposición correcta para dichas luces.

La luz reflejada, como su nombre indica, es aquella que reflejan los objetos de la escena. Esta luz puede medirse tanto con el exposímetro de mano como con el de cámara. Con la cámara tenemos la posibilidad de hacerlo en modo puntual, cosa que nos permite una gran exactitud en cuanto a la porción de superficie medida. Con el exposímetro de mano, la forma de medir la luz reflejada es con la célula del exposímetro desnuda (sin el difusor), dirigiendo este hacia la superficie de la escena que queremos medir, evitando hacer sombras con nuestra cercanía y recogiendo la luz que sale reflejada en dirección a cámara. Algunos exposímetros de mano tienen la opción de medición puntual o de acople de accesorio para tal fin.

También es fundamental saber cómo está calibrado un exposímetro y su relación con el famoso gris medio. En este sentido, y si utilizamos el exposímetro de cámara (que únicamente puede medir luz reflejada), debemos analizar qué superficie (luminosidad) estamos midiendo, así como conocer la diferencia entre medir en modalidad puntual, ponderada en el centro o evaluativa.

El conocido Sistema de zonas, ideado por el fotógrafo Ansel Adams, hace una distribución simplificada de las diferentes luminosidades de la escena. Desde la zona 0 (negro), hasta la X (blanco), los diferentes “grises” son separados por “puntos” o valores de exposición (EV), de la misma forma que cualquier parámetro de medición de la luz en fotografía, como el número f, el Tiempo de obturación o la Sensibilidad ISO.

La zona 0 corresponde al negro absoluto; la zona I sería el doble de luminosa que la zona 0; cada zona de más, es el doble de luz; la zona X corresponde a la superficie más blanca que podemos conseguir en una imagen. La zona V, situada a mitad de la tabla, es conocida como Gris Medio. Es una superficie que refleja el 18% de la luz que le incide. Pues bien, todos los exposímetros, de mano o de cámara, están calibrados para este gris medio (18%). Dicho de otro modo: todo lo que mide, el exposímetro pretende exponerlo como un gris medio, y para ello nos pide una combinación de exposición (T/nºf) determinada.

Disponer de una carta de gris medio (las hay de 18% y de 12% de reflexión) es algo aconsejable, fundamentalmente si no tenemos la posibilidad de medir la luz incidente.

El Sistema de zonas fue concebido con la fotografía analógica, aunque su teoría todavía se sigue utilizando cuando hablamos de medición y exposición en fotografía digital con ciertos cambios de matiz en los conceptos. Conocer los fundamentos del Sistema de zonas nos ayudará a realizar mejores mediciones y sobre todo, a sacar conclusiones sobre las luminosidades medidas con el exposímetro. También nos servirá para medir correctamente con el exposímetro de cámara, siempre que sepamos de forma muy aproximada qué valor de luminosidad estamos midiendo (preferiblemente en modo puntual) y seamos capaces de sacar las conclusiones de manera acertada respecto a la exposición que pretendemos.

La siguiente escena es un bodegón sencillo. En la base una superficie negra; al fondo una cartulina correspondiente al gris medio (18%); y una taza blanca. Es un bodegón perfecto para relacionar las luminosidades medidas en la escena con el resultado de la exposición. La primera fotografía ha sido realizada midiendo con el exposímetro de cámara, en modo puntual y sobre el fondo gris medio. Como el exposímetro está calibrado para este, obviamente, la superficie medida se expondrá como gris medio. Todos los demás objetos serán expuestos correctamente según su luminosidad. El exposímetro solicitó una exposición de ISO100 / f 8 / T 60. Con un exposímetro de mano en modo incidente obtendríamos exactamente la misma medición.

Ahora repetimos la toma, esta vez midiendo en puntual sobre la base negra. El exposímetro ahora intentará que dicha base negra resulte expuesta como un gris medio. La combinación que nos solicita es ISO100 / f 8 / T 15. Es decir, respecto a la foto anterior está pidiendo 2 puntos más de exposición. El resultado es una fotografía sobreexpuesta.

Seguidamente repetimos la operación, esta vez midiendo en la taza blanca. Ahora la intención del exposímetro es obtener la taza como gris medio. El exposímetro nos pide ISO100 / f 8 / T250. Está reduciendo exposición para oscurecer (subexponer) la imagen y que la taza quede como zona V.